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Discursos Ceremonia Fúnebre PDF Imprimir E-mail

 

 

El deceso de don Edgardo Enríquez Frodden produjo un hondo pesar en la opinión pública de nuestro país.

Su figura trasciende las fronteras de Chile. AI editar estos documentos nuestro deseo es enviar a todos aquellos que la lejanía les impidió compartir físicamente las expresiones de dolor el día de su despedida. A ellos, esta recopilación les permitirá conocer parcialmente cuanto se dijo y se escribió acerca de don Edgardo y podrán compartir los sentimientos de los que en Chile lo acompañaron en su último viaje.


Aquellos que pudieron estar junto a su familia y que participaron en la Ceremonia, desean también guardar el testimonio escrito de cuanto vieron y escucharon.

Para su familia, y en particular para nuestra querida Raquelita, sirvan estos testimonios como expresión incompleta de todo el sentimiento que nos embarga al despedir definitivamente a don Edgardo.


Hemos reunido la información de prensa, solicitamos los textos a cada uno de los que intervinieron, y agregamos al final algunas notas enviadas por masones de otras latitudes. Sabemos que no pudimos reunirlo todo, desde ya presentamos disculpas a quienes habiendo testimoniado no se encuentren en estas páginas.


Vaya esta modesta contribución, hecha sin rigurosidad dada la premura para intentar captar esos instantes de sentida emoción y destinarla a quienes desean honrar la memoria de don Edgardo.


Don Edgardo pertenece a la historia.



Consejo de la Orden Gran Oriente Latinoamericano

Concepción - Chile, Noviembre de 1996

 

 

 

 

Intervención de don Anselmo Sule Candia,

Senador, Presidente del Partido Radical Socialdemócrata.

 

Hoy, en esta mañana gris para el radicalismo chileno, hemos venido a despedir los restos mortales de uno de sus más preclaros correligionarios: el doctor EDGARDO ENRIQUEZ FRODDEN.

 

¡Don Edgardo!: Usted vivió en un Chile luminoso y amistoso. En un Chile donde discrepábamos los unos con los otros, mirándonos siempre de frente. La Patria se había construido en medio del respeto común. Había espacio para todos. En este territorio tan largo y tan delgado, cabían las ideas de todos. Es cierto que había injusticia social. Es verdad que teníamos pobres, que nos faltaban las casas, que la salud no era tan completa y tan amplia como deseábamos que fuera. Es cierto que necesitábamos más médicos, más profesores, más leche para los niños, más tierra para los campesinos, más fábricas, más industrias, más todo. ¡Sí. Es cierto! Pero no había odios, no había muertes sin esclarecer, no había chilenos obligados a vivir fuera de su patria legítima, por imposición de la fuerza y el capricho de unos pocos. Había justicia civil que juzgaba los casos civiles y una militar que debía juzgar- cuando se presentaban - los casos militares. Usted vivió ese Chile. Y usted se acuerda, don Edgardo, que habían derechistas e izquierdistas y que no importaba quienes eran unos y quienes eran los otros. Y usted lo sabe muy bien que de pronto todo eso fue cambiado. Cuando había más leche, cuando los árboles ya venían con más fruta y los campos amanecían con más flores. Cuando el cielo comenzaba a ponerse más azul y la cordillera más blanca. Cuando podíamos hinchar el pecho cantando aquellas estrofas de ¡ ...0 LA TUMBA SERÁS DE LOS LIBRES...!, entonces vino el viento del odio, llegó la tormenta del horror. Se inventaron las mentiras y se arrasó con la siembra que se anunciaba promisoria.

 

Después, la noche, la oscuridad...

 

Ese l l de septiembre, de triste recuerdo, don Edgardo debería haber pronunciado un discurso en el Teatro Municipal, en el día del Maestro. Nunca pudo hacerlo. Ese día, cuando un amigo lo llamó por teléfono y el ofreció su casa para que encontrara refugio, en las primeras horas de la mañana, este hombre, este Ministro de Educación, rechazó con serena altivez la oferta y salió de su casa rumbo a su despacho porque consideraba que el golpe, debía esperarlo como Ministro. Y de ahí se fue a La Moneda para hacer saber al Presidente de la República, Salvador Allende, que sus Ministros estaban con él.

 

Después, la prisión y el exilio.

 

Nada ni nadie pudo jamás quebrarlo. Nada ni nadie pudo jamás hacerlo abjurar de sus ideas de siempre. Nada ni nadie, ni los más atroces dolores morales pudieron envenenar su alma. .

Porque en los corazones de los hombres eminentes, porque en el espíritu de la gente con grandeza - como él - no caben los sentimientos mezquinos de venganza, odios, rencores. Sólo hay un sentimiento inalienable de justicia...

 

Recuerdo una inhóspita y sombría prisión. Varias decenas de hombres, vigilados estrechamente por duros carceleros, se debaten en medio de una angustia diaria. Separados de sus seres queridos, lejos de su hogar, sabiendo de la muerte de muchos de sus amigos y compañeros- Uno-de esos prisioneros mantenía - dentro de sus .limitaciones - una pulcra actitud en el vestir. Empeñosamente, cada día, lavaba su camisa blanca, se colocaba cuidadosamente su corbata y lucía sus zapatos, su único par de zapatos escrupulosamente lustrados. Un día el jefe del campo de concentración se le acerca para preguntarle con curiosidad:

- "Dígame, ¿ para qué anda con corbata todos los días? ¿no le molesta ?"

El prisionero lo miró desde su alta estatura y le repuso con su característico acento serio y reposado:

- " Para serle franco, de todas las cosas que nos están pasando, la corbata es lo que menos me molesta".

Ese prisionero que dio esa respuesta era don EDGARDO ENRÍQUEZ FRODDEN, preso en la Isla Dawson hace ya varios años. La anécdota la recogió Sergio Bitar en su libro en el que cuenta la época sombría de nuestra detención en ese agreste lugar. Y ella revela en todos sus detalles el carácter, la manera de ser, el temperamento de este hombre, educador, ministro, político casi almirante de nuestra armada nacional, perseguido, exiliado, radical socialdemócrata, hombre sin tacha, valiente. Y, podría seguir acumulando adjetivos de valía sobre él. Porque los merece todos. Porque los ha ganado todos. Tal vez, sin embargo, exista una sola palabra que sirva para definirlo y con la que podamos honrarlo: "M A E S T R O".

 

Nació en Concepción, el 9 de Febrero de 1912. Casado con la señora Raquel Espinosa, 4 hijos y 8 nietos.

Médico. Estudió en la Escuela de Medicina de la Universidad de Concepción y en la Universidad de Chile, entre los años 1930 y 1936. Se tituló Médico Cirujano en 1937. Recibió los Premios : "A. De Ambrosi" (Universidad de Concepción) y "Carlos Monckeberg" (Universidad de Chile). Profesor de Anatomía en diversas Escuelas e Institutos Universitarios, además de desempeñar cargos directivos en la Universidad penquista, desde 1936 a 1969. Presidente del Consejo Regional del Colegio Médico de Concepción, durante 1946 y 1967.

Director del Hospital Naval de Talcahuano, entre 1953 a 1969.

La Comunidad Universitaria lo eligió, por votación universal, Rector de la Universidad de Concepción, en 1969, cargo que desempeñó hasta 1972, cuando fue llamado por el Presidente Allende a ejercer como Ministro de Educación.

Tras el golpe de estado, en 1973, fue detenido - sin cargo alguno- en el Ministerio de Defensa Nacional, siendo trasladado a la Escuela Militar y luego enviado a la Isla Dawson de allí fue llevado al Hospital Militar a Santiago, víctima de un infarto cardíaco. Grave aún, fue devuelto a la Isla Dawson.

El 5 de Mayo de 1975 partió al destierro, luego de gestiones realizadas por el Director General de la UNESCO Amadu Madad M'Bou, asilándose en definitiva en México, donde obtuvo por concurso, una Cátedra en la Facultad de Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Fue elegido por sus alumnos, en los últimos seis años, como el Mejor Profesor de la Facultad de Medicina y Padrino de varias generaciones de médicos.

 

Escribió varios libros sobre su especialidad. Uno de ellos ha sido adoptado como texto de consulta permanente.

 

Las Logias masónicas de los exiliados en el extranjero, lo designaron en México, Serenísimo Gran Maestro del Gran Oriente Latinoamericano, institución dependiente del Gran Oriente de Francia.

Uno de sus hijos, Miguel, cayó combatiendo a la dictadura en 1974; otro de sus hijos, Edgardo, se encuentra en las nóminas de detenidos - desaparecidos, hasta el día de hoy. Militante del Partido Radical, hoy Partido Radical Socialdemócrata, desde 1936.

Al concluir estas palabras de evocación de la egregia figura de don EDGARDO ENRÍQUEZ FRODDEN, cumplo con el deber de transmitir a la señora Raquelita - su digna esposa - , a sus hijos a sus nietos y a sus seres más queridos, los sentimientos de hondo pesar de mi Partido, de su militancia y de quienes tuvimos la suerte de conocerlo, y aprender de él.

 

¡ DON EDGARDO ENRIQUEZ FRODDEN, descanse en paz!

 

Cementerio General;

Santiago, 3 de Noviembre de 1996

 

 

 

 

Intervención de don Luis Corvalán Lepe
Partido Comunista de Chile

 

 

En la urna que contiene el cuerpo ya sin vida de nuestro querido amigo Edgardo Enríquez, este se halla como siempre, con traje de una sola tela, camisa blanca y corbata negra. Ya Anselmo Sule ha recordado que así vestía también en el infierno helado de la isla Dawson, donde tras el golpe militar fue a parar junto a un numeroso grupo de dirigentes políticos y colaboradores del Gobierno del Presidente Allende. Sus compañeros de cautiverio andábamos, en cambio, informalmente vestidos.

¿ Y a usted no le molesta la corbata? - le preguntó un día el oficial de guardia a cargo de la tropa.

Le respondió don Edgardo con su característica voz clara y reposada.

En este campo de concentración - le dijo- lo que menos me molesta es la corbata.

No es que la vestimenta lo diga todo. Pero don Edgardo Enríquez decía mucho; pues reflejaba lo que era: un hombre de una sola pieza, derecho e íntegro como pocos. La rectitud y la integridad fueron tal vez sus rasgos más característicos.

Como médico, como profesor universitario, como rector de la Universidad Penquista, como Ministro de Educación, en todas las actividades y en todos los momentos de su vida se distinguió por su adhesión a los más altos valores humanos. Fue un humanista transparente y un consecuente demócrata. Amó por sobre todo la verdad y la justicia. Es una de las más relevantes figuras morales que ha tenido el país en el siglo que termina. Hombre de criterio amplio, comprensiva y tolerante y a la vez enemigo irreconciliable del abuso, de la prepotencia, de toda violación a los derechos humanos.

Este hombre tan firme de carácter tenía un corazón sensible a los dolores y problemas de la gente y ofrendaba a los suyos un cariño ilimitado.

En "Testimonio de un destierro" son verdaderamente emocionantes las páginas donde habla de sus hijos Miguel y Edgardo y de su yerno Bautista Van Schowen, cuyas jóvenes vidas tronchó la dictadura, y así también conmueven las referencias que hace de sus cinco nietos con los que vivé en Londres en sus primeros años de exilio y ciertamente las que dedica a la señora Raquel, su esposa. Allí dice con legítimo orgullo : "Todo lo que tengo es mi familia, pues nunca me preocupé de juntar dinero o colecciones de arte".

Hoy los valores que se unen al nombre de Don Edgardo Enríquez Frodden no se cotizan mucho en la bolsa de la política, pero se mantienen vigorosos en las entrañas de la sociedad chilena como lo demuestra la reciente y gran victoria de la democracia sobre quienes pretendían ahogar la voz de .la verdad, secando en la cárcel a Gladys Marin, la Secretaria General del Partido Comunista, a nombre del cual pronuncio estas palabras.

Por parte nuestra nos esforzaremos para que el amor a la verdad y a la justicia tan queridos por Don Edgardo Enríquez vuelvan a imperar plenamente, aventando enclaves dictatoriales que aún prevalecen.

 

¡Adiós Don Edgardo ! su ejemplo de hombre valeroso y justo lo tendremos siempre presente

 

 

 

 

Intervención de don Nelson Gutierrez
Movimiento de Izquierda Revolucionaria

 

Edgardo Enríquez, pertenece a ese tipo de hombres que influyen en las generaciones de un país, de una ciudad, de una Universidad; a través de su propia acción y a través de sus hijos. La generación de los sesenta de la Universidad de Concepción, una generación de miles de jóvenes que se hicieron socialistas, que se asumieron como revolucionarios, que iniciaron la construcción de una nueva cultura emancipatoria: la cultura mirista; queremos recordar el legado de este cruzado de la modernidad, de la razón, de la justicia, de la igualdad y de la esperanza.

Don Edgardo contribuyó decisivamente al éxito del movimiento de reforma universitaria, iniciado por los estudiantes de Concepción en 1965.

Lo recordamos como apasionado defensor de las libertades, cuando las fuerzas gubernamentales violaron la autonomía universitaria en 1969.

Pero, por sobre todo, lo recordaremos siempre, como el Maestro, como el formador de individualidades y subjetividades cada vez más humanas. Formación que no solo trasladó a sus hijos sino a generaciones de jóvenes en Concepción, en México y otras latitudes. Edgardo Enríquez fue un combatiente de la libertad. Sus convicciones democráticas lo llevaron a asumir desde el primer día del golpe la crítica y la oposición abierta a la dictadura; su consecuencia la pagó con la cárcel y el exilio.

Recordamos la figura de Don Edgardo en Dawson, en el entierro de Miguel y en su largo peregrinaje en las luchas del exilio, tanto en Bogotá como en México, en Londres como en la Habana.

Don Edgardo era esencialmente un hombre bueno; así lo expresa su larga lucha y búsqueda del hijo desaparecido y de todos sus hijos: los cientos de desaparecidos.

De regreso a Chile, en su mente alerta, siempre viva, recordamos a don Edgardo; su preocupación por los límites del proceso de reconstrucción del orden democrático; por los grados de exclusión estructural que genera el sistema político vigente, por la subsistencia de un poder militar no subordinado plenamente a la dirección política que dirige constitucionalmente el Estado y el gobierno; por la construcción de un orden económico inequitativo y polarizante.

Finalmente, quisiera resaltar, en estos tiempos de absolutización de la lógica mercantil y de la lucha de todos contra todos, el valor alternativo, de figuras,..... de historias,...... como la de Don Edgardo Enríquez Frodden; ellas nos alientan a seguir pensando que hay algo más allá que la selva del mercado. En estas historias de vida está presente la idea de que el mundo no se ha detenido, de que no se ha muerto la historia, de que los valores y prácticas de la solidaridad y la cooperación, continúan haciendo posible el futuro.

La invención de un mundo más humano continúa abierta en el imaginario colectivo y en el calendario pendiente de la especie humana.

Hoy, el padre y el hijo, el padre y los hijos, habitarán físicamente una misma tumba y continuarán conversando, ahora unidos en la historia. El próximo milenio los sorprenderá tejiendo nuevos sueños de emancipación y de esperanza.

Otros apagarán la sed de justicia no saciada... y otros retomarán la historia inconclusa del que hoy despedimos.

 

 

 

 

 

Intervención de don Adriano Morales Ganga,
Sociedad de ex alumnos de la Universidad de Concepción.

 

 

Estimada señora Raquel y Familia, autoridades presentes señoras y señores:

 


Yo creo que en el trono debe estar este hombre,

bien calzado y coronado,

Creo que los que hicieron tantas cosas

deben ser dueños de todas las cosas

Y los que hacen el pan deben comer,

Y deben tener luz 1os mineros

Basta ya de encadenados grises

Basta de pálidos desaparecidos

 


Al escribir Neruda estos versos, pareciera que tuvo como modeló a don Edgardo, porque amasó muchas generaciones de profesionales aquí en la Universidad de Concepción y en México.


Deseo recordar que en concordancia con estos versos, en su Rectoría creó la sede del Carbón sita en Coronel con el objetivo de establecer a través de carreras medias, especialmente para los hijos de los mineros, nuevas esperanzas y mejores perspectivas de vida, es decir dar luz a los mineros. Esta iniciativa, destrozada como tantas otras en septiembre de 1973 tal vez habría evitado la angustia actual en la zona del carbón. Que mezquina aparece hoy la crítica que nadie nunca se preocupó de la cuenca minera del carbón.


Tuve el privilegio de ser su amigo y por ello conocer su generosidad y trascendente calidad humana.

Quiero relatarles un solo hecho, de los muchos que fui testigo. En el exilio participábamos en el EULA II, encuentro de Universidades Latinoamericanas en defensa de las Universidades chilenas, en Caracas. AI término de una agotadora sesión de todo un día, se acercó un chileno a pedirle si podía conversar con su tía, que había perdido su hijo asesinado y desaparecido, porque no tenía consuelo. Accedió y fue a visitarla, conversó casi dos horas con ella, consolándola, como si no fuera él el que necesitaba apoyo.


En esta sociedad, tan llena de individualismo, será difícil encontrar hombres que como don Edgardo, que tuviera tan altas posiciones, se conservara hasta sus últimos días, invariablemente en la misma posición ideológica de toda su vida y a pesar de toda la importancia de su vida pública, terminara con una modesta y austera situación económica.

Un ejemplo para quienes predican la transparencia.


La sociedad de ex alumnos de la Universidad , siente su ausencia muy profundamente, pero conservará su ejemplar vida política y docente como un ejemplo a destacar para las nuevas generaciones.

 


Estimado don Edgardo, maestro de generaciones, gracias por haberte conocido, gracias por tu vida ejemplar, gracias por tu amistad:

 

DESCANSA EN PAZ.

 

 

 

 

 

Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción.

 

Los estudiantes de la Universidad de Concepción, a través de su federación, desean rendir un merecido homenaje a don Edgardo Enríquez Frodden, quien llegara a conquistar el respeto y cariño de toda la comunidad universitaria, en especial la de los estudiantes, quienes manifestaron su apoyo en innumerables ocasiones.

Don Edgardo Enríquez fue un distinguido estudiante y académico, reconocimiento que lo llevó a ser elegido rector con la participación de académicos, funcionarios y estudiantes, el año '69. Contribuyó decididamente a impulsar y profundizar la reforma universitaria que reclamaran los estudiantes desde los años '65, con el propósito de abrir las puertas de la Universidad a quienes hasta entonces no tenían cabida. Defendió enérgicamente la Autonomía universitaria cuando se vió amenazada por fuerzas extrañas a su quehacer universitario. Don Edgardo fue siempre respetuoso de los ideales que encarnaban los jóvenes, porque tenía la confianza de que sus acciones se inspiraban en la idea de construir un Chile más justo para todos.

Los estudiantes de hoy recogemos su obra, mantendremos viva su memoria, trabajando por materializar su proyecto de Universidad, que contrasta con una Universidad elitizada heredada de la dictadura militar.

Por lo pronto nos proponemos construir el Parque de las Américas, que fuera concebido por don Edgardo como símbolo de unidad entre los pueblos de América Latina.

La directiva de la FEC ha decidido nombrar al Claustro Académico, proyectado para comienzos del próximo año, "Don Edgardo Enríquez Frodden" en honor al más ilustre de sus maestros.

 

Javier Sandoval Presidente

 

 

 

 

 

Intervención de don Luis Pinto Faverio,

Rector de la Universidad Tecnológica Metropolitana

 

Don Edgardo apreciado amigo, miembro del Consejo Superior y doctor Honoris Causae de la Universidad Tecnológica Metropolitana.

 

En mi calidad de Rector traigo la no menos difícil misión de despedir a un ser tan querido y respetado en el ámbito universitario, que se aleja para arribar a senderos de dimensión desconocida para nosotros, pero que unos más temprano y otros más tarde conoceremos y tendremos quizás la oportunidad y la alegría del reencuentro.

 

Despedirlo don Edgardo tratando de expresar con palabras los sentimientos de dolor que embarga a la comunidad, de toda nuestra Universidad, y míos en particular, estoy cierto que es un vano intento, mas seguramente vuestro espíritu ronda en tomo a nosotros en este momento y mirando profundamente dentro de nuestro ser apreciará cuánta es la sinceridad de nuestra pena.

 

Los hombres, don Edgardo, unidos por comunidad de sentimientos, por afinidad de espíritus, sienten en lo más hondo de sus almas la amargura de ver partir, sin poder impedirlo, a aquellos que han dado un significado a la vida, que se han adentrado profundamente en nuestro ser, provocando una rebelión espiritual por nuestra incapacidad, en la lucha contra el destino implacable que nos arrebata lo mucho que queremos y cuando quiere nos impone lo que no deseamos.

 

Esa sensación, don Edgardo, de dolorosa impotencia tenemo5 los que vivimos la satisfacción y el alto honor de contarlo entre los nuestros, miembro y amigo de nuestra casa de estudios superiores, puesto que la brutal noticia de vuestro fallecimiento vino a romper los lazos de camaradería que nos unían y que habíamos aprendido a cultivar en tan corto lapso.

Recuerdo, don Edgardo , la primera vez que tuve la oportunidad de compartir con Usted, fue una ocasión memorable un encuentro universitario, el primer congreso nacional académico, organizado por el comité coordinador de asociaciones de académicos de las Universidades chilenas. Buscábamos en ése entonces, afanosamente el camino a la democracia, nos preparábamos para ella y luchábamos por la no destrucción de la Universidad y de su espíritu. Y ahí estuvo Usted, junto a otros ex Rectores, exponiendo su pensamiento de cómo entendía y vivía la Universidad. Antes ya en mi juventud, había oído hablar de Usted, en el seno de mi familia, y también durante del tiempo en que me desempeñé como académico de la Universidad de

 

Concepción en donde se comentaba con añoranza su gran valía. Por ello que cuando el Presidente de la República don Eduardo Frei Ruiz - Tagle, le solicita que participe en el Consejo Superior de nuestra Universidad, no pude menos que sentir en lo personal, alegría y orgullo porque nuestro Consejo iba a tener el alto honor de contar entre sus miembros con las luces, experiencia y juicio crítico, de un académico cuyo prestigio personal traspasaba las fronteras de nuestra patria.

 

En el lapso en que tuvimos la oportunidad de compartir el trabajo del Consejo con Usted, don Edgardo, pudimos apreciar y aquilatar sus generosas virtudes y entrega permanente por la causa de la juventud. En especial con nuestra UTEM, en que pese a su delicada salud, no escatimó esfuerzos por cumplir con su compromiso adquirido.

Considerando lo señalado y tantas otras virtudes que rodeaban su personalidad nuestra Universidad le otorgó el grado Doctor Honoris Causae.

 

Su espíritu selecto, don Edgardo, representaba para nosotros una maravillosa asociación de la experiencia, junto a un espíritu juvenil que le permitía compartir por igual con todos cuanto lo rodeaban.

Alentaba en vuestra alma generosa un sentimiento fraternal que era fuego vivo, capaz de dar calor y revivir el alma enfriada por el dolor, y en los momentos de esparcimiento, encender la alegría de vivir a través de vuestras palabras y vuestros pensamientos.

 

Resuenan en mis oídos sus palabras " seguramente, les parecerá extraño que un hombre de mis años, que hace poco ha regresado el destierro continúe haciendo proyectos como si todavía dispusiera de una vida por delante. No es que haya perdido el sentido de las proporciones de la realidad, de las posibilidades. Lo he dicho en numerosas ocasiones y lo he repetido de continuo ante mis alumnos: es propio de los viejos vivir de recuerdos. Y no envejecen aquellos que no importa la edad que tengan, están siempre buscando algo nuevo que hacer, o tratando de completar lo ya iniciado"

 

No soy la persona más adecuada para intentar siquiera una breve síntesis de vuestro quehacer, de vuestras obras y de vuestras inquietudes, pero no es desconocido que fuisteis educador y formador de juventudes, vuestro ancestrado espíritu de servicio público os llevó a interesaros por todo cuanto significara progreso.

 

Vuestro espíritu socialista laico y democrático os llevó a abrazar la causa del Partido Radical.

 

Vuestra vida, don Edgardo, fue una vida ejemplar, adornada de una mezcla de humanidad, de servicio, de profundo sentido ético y moral, virtudes cívicas, de liderazgo, de generosidad, de amistad bondad y simpatía. Un hombre de excepción que predicó con el ejemplo. Tened la seguridad que la simiente fecunda de vuestra idealidad ha caído en tierra fértil pues os hicisteis querer con un afecto profundo y prueba de ello es la cantidad de personas que manifiestan su dolor junto con el amor a vuestra familia.

 

A vos, Querido Edgardo, descansasteis de los dolores materiales que ya no podrán nada sobre vuestro cuerpo; pero si el misterio insondable de la muerte os lo permite, continuad vigilando nuestros pasos para que podamos llegar muy lejos en la búsqueda de la verdad. Vayan a vuestra familia, en especial a la Señora Raquel, las expresiones más sentidas de condolencia y el deseo de que el reconocimiento unánime de su valer sirva para reconfortar los espíritus de los que muchos lo sentimos.

 

Apreciado don Edgardo Enríquez Frodden junto con la gratitud muy honda de toda una comunidad universitaria os decimos descansa en paz si es que en ésa dimensión existe la paz y si no es así sigue tan inquieto, activo y fraterno como lo habéis sido entre nosotros.

 

 

 

 

 

 

Intervención de Don Augusto Parra,

Rector de la Universidad de Concepción.

 

Nos reúne un instante de particular dolor: don Edgardo Enríquez Frodden ha dejado el mundo para nosotros conocido y que tuvimos el privilegio de compartir con él.

 

Sin embargo, don Edgardo pertenece a aquella clase de hombres que aun en el momento de la muerte parece proclamar el valor de la vida y nos insta a seguir el camino con alegría y optimismo; a esa clase de hombres que vence a la muerte proyectando en el tiempo un ejemplo capaz de seguir iluminando el camino de los demás.

 

Es que señoras y señores, cuando se ha vivido y actuado siempre de acuerdo a la propia conciencia, cuando se han practicado los principios que se proclaman, cuando se ha procurado solo el bien incluso para a quienes más gravemente nos han ofendido o agraviado, se ha logrado - seguramente sin buscarlo y de manera natural - desarrollar un ejemplo moral y social que solo puede impactar positivamente a los demás.

 

Y que ese fue el caso de don Edgardo, está fuera de discusión o dudas.

 

Hombre de posiciones claras y definidas, hechas públicas sin dobleces, empeñado a fondo en su promoción y su triunfo con las armas de la razón y por los métodos democráticos, fue siempre también abierto y tolerante con las posiciones disímiles a las suyas y dispuesto a reconocer y aceptar cuanto en ellas hubiera de válido. El paradigma del demócrata auténtico. Sabía don Edgardo que quien aporta al logro del bien común iniciativas e ideas, por más que ellas no puedan ser compartidas por los demás, no ofende sino que cumple con el propio deber. Y no faltó a ese deber, aceptando estoicamente el precio de la arbitrariedad y la injusticia sufridas en carne propia.

 

Humanista convencido se ocupa de cuanto hace al hombre, a su cuerpo y a su espíritu, superando los límites del puro reclamo intelectual para comprometerse profesional y personalmente, a aliviar sus dolores, a contribuir a la superación de servidumbres, a promover el respeto a su dignidad, a crear espacios para que desde la libertad el espíritu crezca y se exprese ilimitadamente.

 

Sintió por la juventud el amor sincero que hace posible la aparición de un verdadero maestro, aquel que no solo transmite conocimientos y experiencias sino que dispone las mentes y los corazones para vivir y trabajar con pasión y alegría, consagrados al servicio de los demás antes que a la consecución de frutos para sí. Y esa actitud le fue reconocida en Chile y en México una y otra vez por sus alumnos y lo seguirá siendo mañana con el testimonio permanente de cada uno de ellos.

 

Es por esto que la Universidad de Concepción sabe que el haber contado con don Edgardo como estudiante, como académico, como conductor, constituye para ella un honor y un privilegio, que la ha fortalecido y engrandecido, y cuyo influjo positivo está llamado a superar los límites del tiempo físico de su presencia entre nosotros.

 

Pero es por ello también que la Universidad destaca los valores que don Edgardo encarnó de manera ejemplar, que alcanzaron su máxima expresión en una Rectoría realizadora e integrativa aun en tiempos dificiles y de aguda contraposición de ideas sobre el ser y el futuro de la Universidad, pues ellos asociados a su nombre constituirán un estímulo permanente para nuestros jóvenes y la sociedad toda.

 

¡ Don Edgardo , descanse en paz!

 

 

 

 

Intervención de don José Pablo Arellano,

Ministro de Educación.

 

A nombre del Gobierno y del Ministerio de Educación me corresponde el penoso deber de despedir los restos del afamado hombre público, don Edgardo Enríquez Frodden, quien, entre numerosas funciones de servicio público y académico, se desempeñó en 1973 como Ministro de Educación.

 

Don Edgardo Enríquez perteneció a una destacada familia de profesionales, parlamentarios y dirigentes políticos y sociales de Concepción, donde nació en 1912. Su figura quedará entroncada históricamente al período de cambios sociales, políticos y universitarios ocurridos en Chile, particularmente en las décadas de los años sesenta y setenta.

 

Como fruto de la consecuencia que siempre tuvo por sus ideales y principios, supo mantener inquebrantable el ideario y la práctica de los valores democráticos y la tolerancia, en lo político; y el humanismo, el compromiso social y con la cultura, la autonomía, el pluralismo y el rigor propio de la ciencia, en lo académico. Mantuvo la vigencia de estos valores en circunstancias particularmente difíciles, que lo llevaron, incluso, a la prisión y al exilio.

 

Don Edgardo Enríquez, médico de profesión, hizo una larga y fructífera carrera profesional, académica y gremial que lo llevó a destacar en variadas facetas: como ayudante, profesor y Director del Departamento de Anatomía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción y Presidente de la Asociación del Personal Docente y Administrativo de esa casa de estudios Director del Hospital Naval de Talcahuano; y dirigente y Presidente del Colegio Médico de Concepción, en diversos períodos.

 

Fue elegido Rector de la Universidad de Concepción en las elecciones realizadas e1 20 de Diciembre de 1968. Recibió el rectorado de manos de don David Stitchkin, como heredero de una obra que se remonta a 1919, a la figura fundacional y señera de Enrique Molina y a una tradición que reafirma la vocación y voluntad de hacer universidad y ciencia en región, con la más alta calidad y exigencia.

 

Como en todas las obras de su vida, don Edgardo acometió su rectorado, en medio de tiempos convulsionados, con ímpetu, visión de futuro, espíritu participativo y con liderazgo natural que emergía de su figura imponente y, a la vez, de su bondad y caballerosidad.

 

Luego de los años duros del exilio en Méjico, país hermano y amigo donde encontró condiciones propicias para desplegar su actividad académica, regresó al país y se mantuvo siempre atento al acontecer educativo y cultural y dispuesto a dar su colaboración desinteresada.

 

Hasta el día de su muerte, representó al Presidente Frei en el Consejo Superior de la más joven de las universidades estatales, la Universidad Tecnológica Metropolitana, la que agradecida y reconocida por sus aportes lo consagró, en 1995, Doctor Honoris Causa.

 

En las lúcidas palabras con que agradeció esa merecida distinción, así como en otras conferencias recientes, como la dictada a mediados del año pasado en la Universidad de Santiago de Chile, se puede observar cómo estaba atento a los avances del mundo contemporáneo y a los nuevos requerimientos que el cambio tecnológico impone a la actividad académica. A1 mismo tiempo, se aprecia en sus conceptos que mantenía plena coherencia y un orgullo legítimo por los cambios y realizaciones que había impulsado 25 años antes, entre ellas, las que dieron prestigio y ayudaron a consolidar e institucionalizar en la universidad chilena, el ejercicio de la investigación y de la ciencia.

 

En el mundo actual, los jóvenes requieren de adultos, particularmente de quienes ejercen funciones públicas, transparencia en el actuar y compatibilidad y coherencia entre el discurso público y el accionar privado y entre los principios que sustentan a través de las distintas etapas y circunstancias de la vida, por difíciles que sean.

Debemos transmitirle a esos jóvenes, que trayectorias como la de Edgardo Enríquez Frodden demuestran que la vivencia de esos valores y de esa consecuencia constante entre el decir y el hacer, es un ejercicio necesario y posible.

 

Hago llegar a nombre del Ministerio de Educación y en el mío propio, nuestras más sentidas condolencias a su viuda, doña Raquel Espinosa de Enríquez, y a su familia, y nuestra expresión de simpatía a las múltiples instituciones en las que dejó la huella de su contribución y carácter, como la Masonería Chilena y el Partido Radical Socialdemócrata.

 

Que descanse en paz.

 

Santiago, 3 de Noviembre de 1996

 

 

 

 

 

 

Intervención de don Octavio Ehijo Moya,

en representación del Gran Oriente Latinoamericano

 

Despedida a don Edgardo

 

En nombre del Gran Oriente Latinoamericano tengo la dolorosa misión de despedir los restos mortales de nuestro muy querido e Ilustre Hermano Edgardo Enríquez Frodden, fundador de nuestra Obediencia y su primer Serenísimo Gran Maestro. Sus hermanos masones están aquí para decir adiós al Maestro que nos ayudó a transformar en desaliento y frustración en voluntad potente y creadora para continuar la senda de perfeccionamiento individual y colectivo que nos hemos autoimpuesto.

 

Nuestro hermano inició su larga vida masónica en 1941 en la Respetable Logia Caupolicán N° 37 de la Gran Logia de Chile. Nuestros Talleres de la región de Concepción son testigos de sus más de treinta años de actividad y consecuencia en la difusión y defensa nuestros principios. Muchas generaciones de Hermanos, entre los que me honra contarme, recibieron sus sabias enseñanzas. Como rector de la Universidad de Concepción, le vimos impulsando las reformas que democratizaban esa casa de estudios, y defendiendo vehementemente la autonomía universitaria. Como oficial de sanidad de la Armada le conocimos siempre defendiendo el respeto a las personas y a sus ideas y comprometiendo su prestigio y su cargo en defensa de sus subalternos. Llamado a colaborar como Ministro de Educación en el gobierno del Hermano Salvador Allende Gossens, no dudó en aceptar una responsabilidad que le permitía ejercer la que fue vocación permanente de su vida: la docencia a( servicio de la comunidad. Producido el golpe militar en 1973, sufrió, como tantos, la persecución, encarcelamiento y exilio obligado, además de la pérdida de familiares muy cercanos a manos de la dictadura. Llegó a Inglaterra en mayo de 1975, invitado por la Universidad de Oxford en calidad de profesor visitante. En 1978 se trasladó a México, contratado por la Universidad Autónoma Metropolitana como profesor en la cátedra de anatomía en la carrera de Medicina. Establecido en Ciudad de México, reinició su actividad masónica en Logias mexicanas, alcanzando los más altos grados capitulares.

 

Paralelamente retomó contacto con masones chilenos exiliados en Europa, liderando la idea de reagruparlos en Logias en el exilio, idea que se concretó a partir de 1982, bajo el alero del Gran Oriente de Francia, con la creación de Talleres en París, Estocolmo y Copenhague.

 

El 21 de Junio de 1984, al término de la primera Gran Asamblea, nuestro Hermano Edgardo Enríquez fue elegido Serenísimo Gran Maestro de la nueva Obediencia soberana, recibiendo de manos del Serenísimo Gran Maestro Ilustre Hermano Paul Gourdot la Carta Patente que la creaba y el Mallete Rector, en presencia de hermanos venidos de todas las regiones de Francia y representantes de muchas Obediencias europeas.

 

Al año siguiente en la asamblea realizada en Copenhague, le vimos presidiendo la comisión que redactó la Constitución que nos rige, y en la que se reafirman 1os principios fundamentales de la masonería universal, pero también nuestra particular visión de la masonería moderna.

 

En 1987 presidió la delegación de nuestra Obediencia al Encuentro Masónico Mundial, realizado en París y auspiciado por el Gran Oriente de Francia, y al cual asistían más de 1.200 delegados venidos de todos los rincones del mundo. En 1991 es elegido nuevamente Serenísimo Gran Maestro, cargo que entrega en 1993 con nuestra Obediencia ya consolidada en Logias esparcidas por d Continente Latinoamericano.

 

Don Edgardo nos deja su inmensa labor en el bien de la masonería universal, y su ejemplo de consecuencia entre pensamiento y acción demostrado a lo largo de su prolongada vida. Su fortaleza para sobreponerse a al adversidad y dedicar sus energías a mejorar física y moralmente al ser humano y a la sociedad están resumidos por el Dr. Avedis Aznawrian, Rector de la Universidad Autónoma de México, en prólogo al libro "En memoria de una vida' en el que don Edgardo cuenta sus memorias. El Dr. Aznawrian dice de él : " Hay presencias que son luminosas y que sin palabras, en los peores lugares y en los peores momentos, iluminaron y sanaron las heridas del alma, que son más difíciles que las del cuerpo. Una de esas presencias es la de don Edgardo Enríquez, que nos seguirá, imperecederamente, guiando e iluminando el camino". Hacemos nuestras esas palabras, porque en este momento solemne de la despedida definitiva, los hermanos del Gran Oriente Latinoamericano, esparcidos en dos continentes, comprometemos nuestra voluntad y esfuerzos para traspasar a las generaciones futuras la rica herencia de virtudes, ejemplo y enseñanzas que don Edgardo nos entregó en legado.